Santa María de Melque

En los últimos años estamos asistiendo al auge de todo lo relacionado con las actividades artísticas en Toledo y su provincia, gracias a la aparición de toda una generación de nuevos valores que están consiguiendo cambiar la visión de tierra conformista y pegada a la tradición que aún, en cierta manera, nos acompaña. Sin embargo, para haber llegado hasta este punto, ha sido necesaria la labor de toda una serie de precursores que, trabajando en tiempos mucho más difíciles que los que ahora nos toca vivir, consiguieron desarrollar una obra llena de originalidad y calidad con la que reivindicar una manera nueva y diferente de hacer las cosas. Todos ellos fueron los encargados de romper con los viejos modelos establecidos y hacerse ver y oír en medio de una sociedad tan provinciana como era la nuestra, en los fríos y grises años 60 y 70 del que aún nos cuesta calificar como pasado siglo XX.

Uno de estos artistas, al que podemos considerar un hombre puente entre unos y otros, es Pablo Sanguino que, poco a poco, con la constancia y el buen hacer que le caracterizan, está empezando a encontrar el reconocimiento que merece una trayectoria profesional tan rica y variada como la suya que, como bien saben todos los que le conocen, va mucho más allá de su relación con el lápiz y los pinceles.

Nacido en medio de alfareros y crecido entre artistas y amigos, Pablo ya avisó con la exposición celebrada en el Museo Ruiz de Luna de Talavera de la Reina en el año 2006 a todos aquellos que no habían querido darse por enterados. Ahora, un año después, este artista vuelve a la tarea y nos muestra toda su capacidad creativa en un marco magnífico pero difícil, en el que los dos salen ganando.

Se trata del Sitio Histórico de Santa María de Melque, un lugar histórico y complejo, aparentemente dormido y alejado de los circuitos comerciales más o menos convencionales, donde no es fácil librar un tipo de combate como el que ahora podemos contemplar, en el que tradición y modernidad van de la mano, de la misma manera que sus antigüedades y su obra lo han venido haciendo en las últimas décadas en su casa-estudio de Toledo.

Pablo Sanguino lo consigue por ser un artista “a la antigua” en el mejor sentido de la expresión, es decir, un profesional con capacidad más que sobrada para dominar unas técnicas diferentes y complejas como son las que requieren la cerámica, la pintura o el dibujo, fruto de un largo y bien aprovechado proceso de formación.

Uno de estos artistas, al que podemos considerar un hombre puente entre unos y otros, es Pablo Sanguino que, poco a poco, con la constancia y el buen hacer que le caracterizan, está empezando a encontrar el reconocimiento que merece una trayectoria profesional tan rica y variada como la suya que, como bien saben todos los que le conocen, va mucho más allá de su relación con el lápiz y los pinceles.

Nacido en medio de alfareros y crecido entre artistas y amigos, Pablo ya avisó con la exposición celebrada en el Museo Ruiz de Luna de Talavera de la Reina en el año 2006 a todos aquellos que no habían querido darse por enterados. Ahora, un año después, este artista vuelve a la tarea y nos muestra toda su capacidad creativa en un marco magnífico pero difícil, en el que los dos salen ganando.

Se trata del Sitio Histórico de Santa María de Melque, un lugar histórico y complejo, aparentemente dormido y alejado de los circuitos comerciales más o menos convencionales, donde no es fácil librar un tipo de combate como el que ahora podemos contemplar, en el que tradición y modernidad van de la mano, de la misma manera que sus antigüedades y su obra lo han venido haciendo en las últimas décadas en su casa-estudio de Toledo.

Pablo Sanguino lo consigue por ser un artista “a la antigua” en el mejor sentido de la expresión, es decir, un profesional con capacidad más que sobrada para dominar unas técnicas diferentes y complejas como son las que requieren la cerámica, la pintura o el dibujo, fruto de un largo y bien aprovechado proceso de formación.